sábado, 3 de diciembre de 2016

Los introvertidos frente al mito del trabajo en equipo.

Imagen: Worker Bees, de Alex V. Ihnatenko


En 1975, Stephen Wozniak construyó el primer prototipo de ordenador personal, 10 meses antes de asociarse con Steve Jobs y fundar la compañía Apple Computer. Lo hizo sin ayuda, y amparado en la soledad de su casa.

En la década de los 60 la Universidad de Berkeley emprendió una serie de estudios que asociaban una mayor creatividad a personas de carácter introvertido y poco dadas a socializar, pero con cualidades para las relaciones interpersonales. La soledad constituye un estímulo para la innovación. En palabras del célebre psicólogo Hans Eysenk -psicólogo especializado en el estudio de la personalidad- "la introversión lleva a la mente a concentrarse en el cometido que se tiene entre manos e impide que la energía se disipe en asuntos sociales que ninguna relación guardan con él"

Lamentablemente, en la actualidad el trabajo individual sufre de una muy negativa valoración. Hemos asistido al nacimiento de un fenómeno bautizado como "nuevo pensamiento de grupo", que se aplica en escuelas y lugares de trabajo de forma generalizada. El trabajo en equipo está por encima de todo, los logros son de todos y los errores también. Esta práctica se popularizó a principios de los 90, cuando empezaron a ponerse en práctica los viajes de empresa, cenas de empresa, lugares de trabajo sin delimitaciones individuales, etc, etc.

En el ámbito de la escuela se practica el "aprendizaje cooperativo" o de "grupo reducido". En las aulas de Educación Primaria se han sustituido las clásicas hileras de asientos dispuestas de cara al profesor por islas de cuatro pupitres o más. Incluso el mobiliario escolar tiene una morfología diferente, mesas en forma de trapecio acoplables entre sí. Aunque el enfoque cooperativo está vinculado a la ideología progresista, de la que toma el ideal de que los alumnos sean dueños de su propia educación al aprender unos de otros, es al mismo tiempo una proyección de la cultura de equipo corporativa.

Este sistema olvida el verdadero poder del aprendizaje individual. No hay más que observar a los músicos: los violinistas más virtuosos admiten que dedican la mayor parte del tiempo a ensayar por su cuenta, aunque después se reúnan con su orquesta para practicar juntos. Los atletas de élite que compiten en deportes de grupo pasan grandes cantidades de tiempo entrenando individualmente.

Según afirmó el psicoanalista Erik Erikson, es necesario estar solo para poder consagrarse a la "práctica deliberada", y es imprescindible para alcanzar logros excepcionales, por tres razones:
1- Porque la presencia de otras personas puede comprometer la concentración.
2- Porque la motivación suele nacer y crecer en el propio interesado.
3- Porque permite reforzar las necesidades de aprendizaje específicas de cada persona.

La falta de las condiciones necesarias de privacidad y ambiente sosegado en los espacios de trabajo contemporáneos tiene una serie de consecuencias: baja productividad, problemas de memoria, propensión a contraer enfermedades, tanto físicas como psíquicas; hostilidad entre compañeros, debilitamiento de la motivación, inseguridad, hipertensión, estrés, desconfianza, distanciamiento y falta de compañerismo. Todo lo contrario de lo que se pretende lograr. Los introvertidos ya saben esto de manera intuitiva y por ello se resisten a ser agrupados.

Alex Faickney Osborn, publicista y teórico de la creatividad e inventor del brainstorming, observó que sus empleados tenían buenas ideas, pero a menudo no las expresaban por temor a las críticas de sus colegas: "si el disponer de un espacio personal es de vital importancia para la creatividad, no lo es menos el verse libre de la presión de los semejantes". Pero en lugar de permitirles trabajar solos, ideó su famoso sistema basado en 4 reglas:
1- No juzgues ni critiques ninguna idea.
2- Se espontáneo, cuanto más disparatada sea la ocurrencia, mejor.
3- Cuantas más ideas, mejor.
4- Puedes inspirarte en las ideas de los demás.

Pero, ¿por qué fracasan las lluvias de ideas?
1- Porque algunos participantes tienden a acomodarse mientras los demás hacen el trabajo.
2- Por la inhibición que resulta de esperar el turno de palabra.
3- Por el miedo a parecer estúpido.

El miedo a las críticas en el marco del trabajo en equipo quedó elocuentemente retratada en los conocidísimos experimentos de Solomon Asch y Gregory Berns en los años 50 y en 2005, respectivamente. Descubrieron que la presión social puede llegar a cambiar nuestra percepción de las cosas de forma totalmente inconsciente. Cuando un sujeto manifestaba una visión contraria a la mayoría, detectaban una creciente actividad en su amígdala -órgano cerebral asociado a emociones como el miedo o el rechazo-. Berns bautizó a tal circunstancia como "el dolor de la independencia".

No es que debamos dejar de colaborar presencialmente con otros humanos, sino replantear el modo en que lo hacemos: asignando los distintos cometidos acorde a las habilidades de cada uno, alternando el trabajo individual con el trabajo en equipo en proporción variable, facilitando distintos entornos de trabajo adaptados a las diversas sensibilidades... y debería hacerse así en el entorno profesional como en las escuelas.


Fuente: "El poder de los introvertidos", de Susan Cain

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