viernes, 23 de diciembre de 2016

Introvertidos y personas altamente sensibles.

Ilustración: Koren Shadmi

En la entrada anterior hablábamos del rasgo hiperreactivo y de como éste condiciona la cantidad de estímulos que un introvertido puede asimilar hasta casi agotar su energía. Otros investigadores se han interesado por esta particular forma de conectar con el mundo y prefieren el término sensibilidad. Es el caso de la doctora Elaine Aron, quien, además de usar otra etiqueta, se ha encargado de ampliar la definición. Junto a su marido, acuñó el término persona altamente sensible (PAS) en la década de los 90, y descubrió que un 20 por 100 de la población posee este rasgo.

Para muchos de nosotros ha sido un alivio descubrir que nuestra forma de ser no responde a una patología, sino a un rasgo con fundamento psicológico. Gracias a este descubrimiento, hemos podido dejar de autoflagelarnos por no cumplir con las expectativas ajenas y ya no tenemos la necesidad de pedir perdón por como somos o de ponernos a la defensiva cuando nos cuestionan. Descubre con este test si eres una persona altamente sensible.

Algunas características de las personas altamente sensibles:

  • Son muy observadoras
  • Suelen evitar imprevistos y sorpresas
  • Les afectan notablemente ciertos sonidos y olores
  • Son muy sensibles al dolor, así como a la cafeína
  • Se sienten más torpes cuando alguien les observa
  • No les atraen mucho las conversaciones triviales 

(A propósito de esta particularidad, hay que matizar que no es que eviten a toda costa la charla mundana, sino que prefieren reservarla para el final de las conversaciones. La mayoría de la gente se sirve de los comentarios banales para romper el hielo, y una vez se sienten cómodas, empiezan a conectar de manera más profunda. En cambio, los hipersensibles sólo se relajan después de haber tenido una conversación trascendental y haberse mostrado con honestidad y autenticidad; es entonces cuando se dejan llevar por la risa y el chismorreo.)

  • Son muy creativas e intuitivas
  • Tienen sueños muy reales y a menudo los recuerdan claramente al despertar
  • Les apasiona la naturaleza, la música, el arte y la belleza
  • Sienten emociones intensas, como arrebatos de alegría o pena
  • Perciben detalles que pasan desapercibidos para la mayoría
  • Tienden a ser muy empáticos y solidarios
  • Tienen una conciencia muy desarrollada 
  • Detestan las películas violentas o con mucha acción
  • A menudo se interesan por temas peliagudos
  • Se ruborizan fácilmente y no son capaces de evitarlo

Esta última característica -el acto reflejo de ruborizarse-, aunque odiada por las personas que la presentan, es de una gran utilidad social: denota humildad, sentido de la ética, y el deseo de evitar agresiones y mantener la paz. Es un gesto conciliador y no un motivo de rechazo. Es una declaración involuntaria y auténtica del respeto hacia el juicio de los demás y la consideración hacia las normas de convivencia.

Hemos de buscar en esta utilidad social el motivo por el que las personas hipersensibles y aparentemente débiles han sobrevivido al proceso selectivo de la evolución. Bajo el punto de vista de de Elaine Aron, no es la hipersensibilidad en si misma lo que ha contribuido a la supervivencia, sino el comportamiento cauteloso y reflexivo que suele ir asociado con ella. 

Es lo que se conoce como teoría compensatoria de la evolución, respecto de la cual Jung afirmó que "uno proporciona una tasa de fertilidad elevada junto con menos mecanismos de defensa y una vida individual más corta, y el otro dota al individuo de numerosos medios de conservación de la propia vida junto con una tasa baja de fertilidad". Tanto en la humanidad como en el reino animal, todos dependemos de los individuos más sensibles para sobrevivir. 

Por eso es de vital importancia que los hipersensibles dejen de fingir fortalezas que no les son propias, y reafirmen sus propias cualidades, sin las cuales nos iríamos todos a pique.


Fuente: "El poder de los introvertidos", de Susan Cain

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