domingo, 27 de noviembre de 2016

¿Pueden los introvertidos tener éxito e influir en la sociedad?

Autor desconocido.

La ideología de la superación personal hace décadas que ha calado en nuestra cultura, pero en los últimos años ha experimentado una popularidad desmedida debido a la crisis económica. Si escarbas un poco, te das cuenta de lo que se esconde debajo de toda esa parafernalia motivacional: nos están adiestrando para ser buenos emprendedores. Da igual cual sea tu oficio, lo importante es que te vendas a ti mismo.

Ya no somos personas, sino marcas. Nuestra personalidad, nuestros sueños y estilo de vida constituyen nuestra imagen corporativa, de modo que no podemos deshacernos de nuestro yo idealizado ni en las interacciones cotidianas. ¿No estaremos diluyendo nuestra propia identidad por el mero hecho de que no es vendible?

Toma las riendas de tu vida, nos dicen. Reprograma tu vida, persigue tus sueños. Pero debes hacerlo dopando tu estado de ánimo, siempre optimista y enérgico, permaneciendo en una euforia incombustible, teniendo fe ciega en tí mismo. No importa que seas introvertido, porque siempre puedes falsear tu comportamiento y actuar como extrovertido. Sé un autómata, un soldado clon, únete al ejército de la ley de la atracción. Y por qué no, deslumbra a todos con tu luz, destaca entre una multitud anodina y mediocre. Que tu ambición y tu plan de vida perfectamente premeditada sea como un faro en la oscuridad.

Pero, ¿Qué tiene que ver la extroversión con el éxito y el liderazgo?

En la Harvard Business School, considerada la mejor universidad del mundo, se forman los que serán los más prominentes líderes mundiales en el ámbito económico y político. Su estilo de enseñanza se basa en la extroversión y está enfocada a conseguir una excelente posición social. Las principales capacidades que debe desarrollar el alumno son la oratoria y el don de gentes. Deberá ser decidido y dinámico, aunque sus decisiones pudieran llevar al desastre. Mostrarse indeciso podría contagiar a los demás y desmoralizarlos.

Ser un líder se entiende más como saber actuar con osadía, hablar con convicción -aunque no estés realmente convencido- y tomar decisiones rápidas -aunque estés mal informado-, más que reflexionar con lógica para encontrar soluciones creativas y eficientes.

Qué contraste con la filosofía de vida propia de otros países como China, donde se concede enorme importancia al arte de escuchar, a preguntar más que a soltar discursos y a respetar el tiempo ajeno por encima de la vanidad.

¿Y qué pasa con las buenas ideas que se pierden porque siempre hay alguien que alza su voz por encima de los demás? En según que situaciones esta pérdida de ideas podría tener consecuencias dramáticas. Pongamos por caso un jurado popular que debe decidir si  enviar o no a la cárcel a una madre soltera.

¿Los que se hacen notar son de verdad más ingeniosos? Las calificaciones medias y pruebas de inteligencia han constatado que la facilidad de palabra no está necesariamente vinculada a la capacidad mental. Todos somos conscientes de ello y, sin embargo, tendemos a seguir a la persona con mayor iniciativa, damos la razón a los que despliegan su verborrea con más descaro y votamos al candidato más carismático. ¿Estamos dejando el poder en manos de la gente correcta?

James C. Collins, investigador y docente en la Universidad de Stanford, realizó un estudio en el que observó que un número importante de las empresas más rentables del siglo XX estaban dirigidas por líderes callados, humildes, modestos, reservados, tímidos, corteses, apacibles, sobrios, comedidos y voluntariosos.

Según otro estudio realizado por Adam Grant, profesor de la Universidad de Pennsylvania, lo que hace diferentes a los líderes discretos es su disposición para escuchar y reunir información en lugar del afán por imponer su autoridad. Dejan participar a los subordinados en la toma de decisiones y ponen en práctica las buenas ideas aunque vengan de otros. No esperan reconocimiento sino que cada cual realice la tarea para la cual está más capacitado.

Grant además llegó a la conclusión de que los jefes extrovertidos mejoran el rendimiento del equipo cuando éste está formado por empleados pasivos; en tanto que los jefes introvertidos son más eficaces rodeándose de subordinados activos, de manera que se benefician de su talento y los motivan para seguir tomando iniciativas.

Hoy en día existe un nuevo género de dirigente introvertido: el que usa Internet como altavoz e influye en la vida y el pensamiento de cientos de personas. La Red es el medio ideal para desplegar el potencial de personas que normalmente no encajarían en el patrón clásico de líder de masas.

El monitor de nuestro PC -o la pantalla de nuestro móbil o tablet- es una barrera entre nosotros y el mundo, nos brinda la oportunidad de practicar una vida social más controlada y acorde a nuestro ritmo vital. Es la herramienta perfecta para que los introvertidos se puedan explayar mostrando su verdadero yo, participando activamente en debates, e incluso haciendo extensivas algunas relaciones virtuales a la vida real.


Fuente: "El poder de los introvertidos", de Susan Cain

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