jueves, 10 de noviembre de 2016

El lugar de los introvertidos en la cultura de la extroversión.

Isaac Newton pintado por Jean Luc Huens.

Existen personas introvertidas y extrovertidas desde que el mundo es mundo. Poetas y filósofos han meditado sobre ello durante siglos. Los dos tipos de personalidad aparecen ya en tratados médicos de la Antigua Grecia e incluso en pasajes de la Biblia. Los expertos en psicología evolutiva han comprobado cómo se dan comportamientos análogos en todo el reino animal. Sería impensable un mundo en el que toda la población tuviera el mismo carácter.

Sin embargo, la sociedad actual tiende a favorecer únicamente a una de las dos vertientes de la personalidad. La creencia de que sólo se puede ser feliz siendo sociable está fuertemente arraigada. El sistema de valores dominante fomenta la idealización del carácter extrovertido, empujando a todo aquel que desee una vida plena a ponerse como meta éste modelo de personalidad a la par que un cuerpo delgado y atlético. El introvertido es visto como un perdedor, una persona sin aspiraciones ni capacidades, un ser anodino y gris que raya en lo patético.

La gente con mucha labia tiene fama de inteligente, aunque jamás se haya probado científicamente ninguna relación entre inteligencia y facilidad de palabra. En las escuelas se empuja a los niños a desarrollar sus habilidades sociales fomentando preferentemente las tareas conjuntas (¿algún niño se ha convertido en extrovertido de esta manera?), y en el ámbito laboral  hace tiempo que el trabajo en equipo es religión, lo cual conlleva que en las entrevistas de trabajo se busque invariablemente al candidato con mayor "dinamismo y proactividad".

Ésta dinámica social predominante se ha convertido en una fuente de profundo dolor psíquico para los más taciturnos. Los padres se sienten frustrados cuando ven que sus hijos "no salen del cascarón" y se preguntan que han hecho mal. De adultos nos sentimos culpables si rechazamos una invitación y preferimos relajarnos solos en casa. A menudo recibimos quejas de los demás por estar siempre "tan ensimismados".

Hablando con claridad, estamos ninguneando la introversión y rechazándola como parte fundamental de nuestra identidad. Pero no es posible deshacerse de ella, está en nuestra naturaleza. ¿Por qué deberíamos anular esa parte de nosotros? Una tercera parte o la mitad de la población mundial, dependiendo de qué estadística, es introvertida. Lo que hace pensar que evolutivamente hemos sobrevivido hasta hoy por alguna razón.

Observemos la cantidad de creadores y científicos introvertidos que han existido a lo largo de la historia; personas calmadas y reflexivas a las que debemos grandes obras y descubrimientos como la teoría de la Relatividad, la teoría de la Gravedad, los Nocturnos de Chopin, En busca del tiempo perdido, Peter Pan, 1984 y Rebelión en la granja, El gato Garabato, Charlie Brown, La lista de Schindler, ET y Encuentros en la tercera fase, Google, Harry Potter... sin olvidar a personalidades avanzadas a su tiempo como Eleanor Roosevelt, Al Gore, Gandhi y Rosa Parks, por mencionar algunos introvertidos célebres que han liderado profundos cambios en la historia.

Así que, ¿Cómo se justifica la predilección vigente hacia el arquetipo extrovertido? ¿Deberíamos los introvertidos seguir esforzándonos para "corregir" nuestra configuración mental?


Fuente: "El poder de los introvertidos", de Susan Cain

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